Este fin de semana he ido a Düsseldorf  para disfrutar de su feria (Düsseldorf Rhein Kirmes), la cual se celebra una vez al año y es uno de los eventos más importantes en esta zona. Como ya sabéis (porque lo he dicho varias veces), aquí en Alemania pones dos luces juntas y la población acude como moscas; en este caso no eran dos, serían unas doscientas mil, así que extrapolar. Al atractivo de la feria en sí, se le unía el hecho de haber un espectáculo de fuegos artificiales, el cual según los expertos es uno de los mejores (si no el mejor) que se pueden ver por aquí, así que era visita obligada.

Las ferias alemanas, como ya os podéis imaginar, no son iguales que sus homónimas españolas, pero si muy parecidas. La diferencia más grande que se puede apreciar con respecto a las que yo conozco (las andaluzas), es que no hay dos zonas separadas como en mi tierra, donde tienes el área de “los cacharritos” y el área de las casetas, las cuales no existen tal cual en las ferias alemanas. Aquí se entremezcla por igual atracciones, puestos de comida rápida, lugares donde probar tu suerte tipo tómbola y sitios donde demostrar tu puntería o tu habilidad para poder conseguir ese peluche que le encantaría tener a tu chic@, aunque solo sea por el hecho de que lo has conseguido gracias a tu destreza. Junto con todos estos sitios, también es posible encontrar lugares donde comer o beber algo un poco más grandes que los de comida rápida, los cuales además tienen música y sitio para sentarse y se asemejarían a las casetas andaluzas.

En cualquier caso, la diversión está asegurada ya que casi toda la ciudad y parte de los alrededores se encuentra aquí concentrada, bebiendo como mulas (son Alemanes, recordar) y disfrutando del buen ambiente, así que nosotros hicimos lo propio y nos entremezclamos con la fauna local para tener nuestro rato de diversión.

Otro de los atractivos de esta feria es que se organizan fiestas en barcos que recorren el río Rhin, sobre cuya orilla está montado todo este tinglado. Cuando estás atravesando el río por sus puestos para poder llegar al meollo de la cuestión, los ves pasar por debajo y realmente te dan cierta envidia, ya que parece que se lo están pasando bastante bien (habrá que probar el año que viene), aunque su precio de 73€ por cabeza hace que te lo pienses un poco (eso si, incluye champán y cena bufé).

Este “evento” atrae cada año ni más ni menos que unos 4 millones de visitas, lo que la convierte en el cuarto más concurrido de toda Alemania, solo por detrás del Oktoberfest (6,7 millones), la Cranger Kirmes (4,5 millones) y la Cannstatter Volkfest (4,2 millones). Se celebra para conmemorar dos cosas, por un lado al patrón de la ciudad (Apollinaris of Ravenna) y por otro lado la santificación de la basílica de San Lambertus, que es la principal iglesia católica de la ciudad. Esta celebración tiene lugar desde el año 1435 pero por aquel entonces giraba entorno a una competición de tiro y poco ha poco ha ido evolucionando hasta llegar a la ubicación actual y tener el formato que tiene ahora.

Los peluches a precio de “rana metida en cubilete”, “disparo en centro de diana” o “pelotazo en lata” os esperan.


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